Cuando un idioma extranjero te pone al límite.

Cuando un idioma extranjero te pone al límite.

Hace poco más de un año el camino de mi vida se comenzó a trazar diferente, y fue gracias a mi curiosidad que encontré una convocatoria con un mensaje del destino muy claro que decía: “Perla, este es tu momento”. Revisé la convocatoria y me di cuenta que aunque la maestría se cursaría en Madrid, España, los módulos serían en inglés, ya que su objetivo es tener alumnado de todas parte del mundo.  Fue ahí cuando dejé de leer, me separé un poco de la computadora y comencé a imaginar el escenario que tendría. Aunque mi nivel de inglés no es del todo avanzado, conforme crecí fui consciente que debía tener tal nivel para estar más preparada. Nunca es lo mismo estudiar o practicar un idioma en clase a las situaciones reales, las cuales pueden ser frustrantes, pero aun así decidí entrar a este proceso de papeleo y portafolios virtuales y prepararme para obtener los resultados de la beca.

Todo esto sucedió y obtuve la beca. Así logré viajar a la madre patria donde además de disfrutar de sus lugares y su cultura, tuve grandes experiencias. Me lancé al ruedo así sin más, logré desenvolverme ante un grupo de fotógrafos extranjeros donde tres hablábamos español y el resto, inglés. En un principio detecté el carácter de cada uno y aunque todos hablábamos el mismo idioma de la fotografía, diferíamos en gustos e ideas. Esto nos llevó a generar debates y aprendimos unos de los otros, vimos los temas de distinta manera y creamos situaciones donde aplicamos lo aprendido. Conforme pasaron las clases, tomé mas confianza y me volví un poco mas parlanchina.

Al ser una alumna bilingüe, el departamento de coordinación en el Instituto me eligió para ser alumna asistente, esto quiere decir que sería el vínculo principal entre estudiantes y coordinación. Me asignaron diferentes roles ante el grupo, por ejemplo, estar al pendiente de que los alumnos estuvieran satisfechos con las clases y actividades, si existía algo que no les pareciera o simplemente al escuchar su opinión yo debía comunicarlo a coordinación para hacer las mejoras correspondientes. De forma similar me encargaba de asegurarme que todos los alumnos tuvieran la información de las clases y horarios en tiempo y forma.

La mayoría de los maestros fueron españoles y aunque algunos hablaban bien el inglés, otros no, así que el Instituto tenía un traductor oficial, un chico que realizaba traducción simultánea en clase, pero si él no asistía yo era la encargada de apoyar con la traducción. Existieron algunas clases donde los maestros que no hablan adecuadamente el inglés, tenían al traductor a lado, pero preferían no utilizarlo e intentaban dar la clase ellos mismos, pero cometían muchos errores de pronunciación o no utilizaban las palabras adecuadas, utilizaban muletillas en español y la clase se volvía lenta, lo que provocaba el desinterés de los alumnos y la falta de entendimiento.

Después de esas situaciones confirmé la importancia de tener afianzado un segundo idioma, en mi caso el inglés. Porque además de que te da la confianza para comunicarte y expresar tus ideas, agiliza la comunicación, creas otro tipo de dinámica y te lleva a otro nivel profesionalmente hablando.

Estoy consciente que de no haber tenido un segundo idioma habría sido imposible cursar esta maestría y habría vivido una historia y una perspectiva diferente.

Esta oportunidad profesional fue también un reto personal, me di cuenta que se debe tomar la frustración como empuje para lanzarte y hacer lo que te plazca.

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